martes, 18 de mayo de 2010

La eterna lucha


Estaba sentado en una fría y ruidosa sala de espera, nervioso, con la cabeza llena de grillos; grillos que no dejaban de soltar chirridos en formas de palabras que rebotaban contra las paredes de mi cabeza volviéndose más y más molestos.
Cruzaba incómodas miradas con desconocidos que me clavaban sus ojos haciéndome sentir más y más incómodo, más y más diferente, más y más raro.
Necesitaba salir de allí, huir de ellos, pero parecía que no querían dejarme salir, estaban por todas partes, tapando la puerta, los pasillos, llevándose mi aire, invadiendo mi espacio. Me levanté y corrí hacia la puerta, empujando a un ser disfrazado de vieja inocente que se sentaba a mi lado.
Conseguí salir al pasillo y de repente me encontré solo, completa y escalofriantemente solo en un largo y blanco pasillo que parecía hacerse más y más profundo intentando alejar la salida, intentando encerrarme en aquel lugar, se movía tan rápido que pronto me di cuenta que no podría escapar, aquella puerta se iba cada vez más lejos, cada vez más deprisa. Pero no iba a volver con ellos, no me iba a rendir tan facilmente; eché a correr lo más rápido que pude, gritando con todas mis fuerzas intentando perseguir un imposible.
De repente vi algo al final del pasillo, pero no era una puerta sino una pared, una pared tan blanca como el resto del pasillo, pero con una diferencia al resto de paredes, en esta había un tubo estrecho que sobresalía y que estaba afilado en la punta, como una lanza.
No me iba a asustar, grité y corrí con más fuerza y, mientras me rasgaba la camisa aquel tubo empezó a clavarse en mi pecho, atravesando mi caja torácica y destrozando mi corazón para salir por mi espalda.
Sigo luchando, sigo empujando, clavándome aquella lanza de acero cada vez más, sintiéndome más y más vivo a cada paso.
Tengo la pared tan cerca...


viernes, 7 de mayo de 2010

Entonces llegaste tu


Tirado en mi cama mirando mi blanco cielo,
los ojos cerrados, la mente abierta,
poco a poco me voy dando cuenta
de como se va volando todo lo que más quiero.
Me pierdo entre olas teñidas de rojo sangre,
que salpican mis paredes,
mientras me enredo en las redes
de fríos sueños cruzados enlazados con alambres.
Luchando por salir a flote,
pero no por respirar,
peleo contra el bravo mar,
buscando el calor de tu escote,
que me acoge cual islote
en el que volver a descansar.
Y volver a ver cielo abierto,
escapando de las redes,
entre las cuatro paredes
que me encierran en mi cuarto.
Respiro hondo y vuelvo al mundo,
a mi mundo blanco acotado
en el que llevo tiempo encerrado
entre sus blancos muros.
Hoy supe que tu vendrías
y mi mundo se abre y se alegra
la luz tiñe las negras
sombras de mis galerías.
Me agarro con más y más fuerza,
no quiero perder este tren,
aunque me toque correr
entre la tosca maleza.
Hoy ya no quiero volar,
ni encerrarme en mi agujero,
se que si quiero puedo,
y quiero y puedo esperar.